Después de años trabajando con bodegas pequeñas y medianas, hay tres errores que observo constantemente. No son fallos graves por sí mismos, pero sí pueden generar consecuencias importantes cuando ocurre un siniestro. Lo bueno es que son fáciles de identificar si se sabe dónde mirar.

1. No actualizar el inventario con el paso del tiempo

Las pólizas suelen renovarse automáticamente año tras año. Mientras tanto, los mercados evolucionan y las bodegas también.  Aumenta el stock, se amplían zonas de trabajo, se incorporan nuevos depósitos, cambia la maquinaria o se ajusta la producción. Sin embargo, muchos valores declarados siguen siendo los mismos y esto se pasa por alto. 

Esto provoca dos problemas habituales, que son el infraseguro, ya que el valor real del contenido suele ser superior al valor declarado. En lenguaje asegurador, se aplicaba regla proporcional, y esto traducido en euros, implica que un siniestro cubierto en póliza puede ser pagado pero a un valor inferior, por la aplicación de esta regla. Del mismo modo, sucede que se hacen ampliaciones y no se declaran luego del año natural de la póliza. Nuevas cámaras, maquinaria adicional o variaciones de producción que nunca se notificaron.

Todo esto se soluciona con una revisión periódica y ordenada de inventario, maquinaria y ampliaciones. No es un proceso complejo, pero se suele pasar por alto, derivando en problemas para que el capital de trabajo y la inversión realizada sean cubiertos en su totalidad por el seguro. 

2. No contratar coberturas específicas del vino

Este punto es uno de los más desconocidos y, paradójicamente, uno de los más críticos. El vino es materia viva, un producto en evolución, incluso cuando está en el restaurante o en la bodega del consumidor. Como tal, está sujeto a cambios y alteraciones fisicoquímicas y organolépticas. ¿Entonces por qué no tenerlo en cuenta al momento de asegurarlo? Hay años luz entre el seguro de una fábrica de calzado y el de una bodega de vinos. 

En bodegas encontramos levaduras, bacterias y moléculas que se forman cuando ciertos fenoles reaccionan con microorganismos (como algunos hongos). He aquí un punto primordial de cobertura y lo que más me encuentro son bodegas que no saben que sus pólizas no cubren siniestros derivados de la salida de control de estas moléculas. 

 Los anisoles pueden arruinar un lote completo, y la mayoría de pólizas estándar no los cubren. Las bodegas suelen asumir que sí, y el descubrimiento llega cuando ya es demasiado tarde.

Además de los anisoles, suele haber otros vacíos relevantes tanto en procesos de fermentación y crianza como en variaciones estacionales del stock, inventarios vendidos a la avanzada, rotura de barricas o tanques de fermentación, entre otros. 

Trabajar con una póliza que cubra realmente el proceso vinícola evita pérdidas muy superiores a la prima. Las coberturas especializadas existen, pero hay que entenderlas y estructurarlas bien.

3. No declarar el enoturismo y las actividades con terceros

Hoy en día, la mayoría de bodegas realizan actividades complementarias: visitas, catas, eventos privados, talleres o acciones puntuales con grupos. En muchos casos, no se comunican a la aseguradora porque “solo se hacen de vez en cuando”.

Aunque sea una vez al mes, si una actividad no está declarada, existe el riesgo de que un siniestro no esté correctamente cubierto. Lo mismo ocurre con actividades realizadas por terceros dentro de la bodega, incluso si son ocasionales.

Declarar estas actividades no es un trámite complicado y permite que la póliza respalde adecuadamente la realidad operativa de la bodega.

Y como dice Luis Gutiérrez en Los Nuevos Viñadores, hablando de los productores que transforman su forma de trabajar: «El vino es algo que empieza mucho antes de la fermentación y termina mucho después de ser embotellado.”

Al hilo de esto, asegurar una bodega no es lo mismo que asegurar una nave industrial estándar. La actividad implica particularidades técnicas, riesgos propios del vino y procesos que requieren coberturas específicas. Una póliza bien diseñada es una herramienta estratégica, no un trámite administrativo.

Si una bodega quiere tener la tranquilidad de que su póliza realmente acompaña a su actividad y a su nivel de exigencia, la revisión adecuada es un paso imprescindible, porque así como el vino y la bodega evoluciona y tiene un ciclo de vida, los seguros, testigos silentes de su trayectoria, también.